Al menos 2.000 familias correntinas viven en
asentamientos ilegales
Fuente: Diario Norte Corrientes. Publicado el viernes 24 de junio de 2016
Las últimas tomas de terrenos volvieron
a poner de relieve la crisis habitacional. En Pirayuí hay unas 600 familias en
precarias condiciones.
Los principales focos de
ocupaciones ilegales en 2015 alcanzaron a seis barrios en distintos puntos de
la ciudad. Las imágenes son similares a las que, entre julio y agosto de 2012,
coparon las tapas de los medios locales debido a la usurpación de los
terrenos en los barrios Pirayuí, Galván y Quilmes.
NORTE de Corrientes realizó
un recorrido por las antiguas tomas, para conocer su estado actual. Los números
asombran, debido a la gran cantidad de familias que habitan en los predios,
libradas a su suerte.
Según un relevamiento
realizado por este medio, serían unos diez sitios los que en los últimos
cuatro años fueron ocupados de forma ilegal.
Se trata de los más grandes
tomados en los últimos años, mientras que en el área Tierra y Hábitat de la
Comuna insisten con que en total hay más de 30 espacios tomados en distintos
puntos de la ciudad.
En el año 2012 quienes
iniciaron la oleada fueron los ocupantes del barrio Pirayuí, seguidos poco después
por los que arribaron al Galván y por último al barrio Quilmes. En 2013 avanzó
una ocupación en el barrio Santa Rita y en 2014 un predio en el barrio Punta
Taitalo. Estas últimas no lograron llamar la atención de las autoridades y
actualmente sólo algunas familias persisten en los sitios.
El año pasado una toma,
iniciada el 21 de abril en el barrio Patono, fue el puntapié para disparar
nuevas ocupaciones y la situación habitacional volvió a golpear fuerte.
En ese año también se
dieron usurpaciones en los barrios Quilmes, Virgen de los Dolores, Ciudades
Correntinas, 17 de Agosto, San Jorge y Popular. En este último se desarrolló
el único desalojo, por haberse asentado dentro de un predio municipal. Este
medio realizó un relevamiento de la cantidad de personas que habitan
actualmente cada uno de los sitios, y los números alarman. Serían unas 2.000
familias que habitan de forma ilegal en varias barriadas capitalinas.
En el Pirayuí aún persisten
600 familias, en el Galván 350 y en el Quilmes -primera ocupación- 200. En tanto,
las tomas que se dieron entre 2013 y 2014 -en Punta Taitalo y Santa Rita- sumarían
más de 150 familias.
Por otro lado, en las zonas
usurpadas el año pasado que aún tienen familias viviendo de forma precaria, se
relevó el barrio Patono, donde hay más de 300 familias, en la nueva toma del
Quilmes hay 50 familias, en el Virgen de los Dolores no superan las 30, en el
Ciudades Correntinas se afianzó llegando a las 50 familias, y en el 17 Agosto
y en el San Jorge cada predio contiene a unas 50 familias.
Sumado a esto se debe
mencionar al barrio Nuevo, donde desde hace una semana un predio contiene a 80
familias.
La situación es compleja, y
mientras algunos predios tienen intervención de la Justicia, otros aún no. Por
ejemplo, en el asentamiento del Pirayuí desde 2012 rige una medida de no
innovar, mediante la cual quienes habitan el lugar tienen prohibido realizar
construcciones de material. Pero nadie hace caso y las casas crecen.
En el barrio, de las familias
que iniciaron la toma sólo queda un puñado. “Somos unas cuatro o cinco que
quedamos desde el principio, el resto es gente que va y viene, mucha gente que
no es de acá, pero lo que podemos decir es que este es un barrio muy tranquilo”,
sintetizó la mujer que en los primeros días de la toma fue la delegada.
En el Galván la situación
es similar, el asentamiento creció mucho, sobre todo en el corazón del lugar
donde las viviendas se ubican una junto a la otra. Allí María, una de las
primeras familias que llegó al lugar, destacó que el crecimiento en el barrio
fue incesante. Aseguró que actualmente hay unas 350 casillas y más de 1.000
personas viviendo en el lugar.
Similar situación se da en
el barrio Patono, sitio donde en pocos días llegarán al año de usurpación, de
un predio que creció por donde se lo mire. Viviendas de material, pasillos y
recovecos, hacen del espacio un barrio que crece sin parar. Tienen luz y agua
de pozo que comparten entre varias familias, pero los sanitarios son un lujo
que nadie se puede dar dentro del predio.

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